En la parashá Tetzavé, el Eterno habla directamente a Moshé y le encarga una misión especial: preparar todo lo necesario para el servicio sagrado dentro del Santuario. El pueblo debe traer aceite puro de oliva para mantener encendida la luz de la menorá día y noche, símbolo de una presencia divina constante entre Israel.
Aharón y sus hijos son elegidos para servir como sacerdotes. Moshé, con su bastón de mando, los presenta ante D’s como representantes espirituales del pueblo. No se trata solo de funciones rituales, sino de una responsabilidad sagrada que requiere pureza, dedicación y obediencia.
Las vestiduras del sumo sacerdote
El Eterno ordena que se confeccionen ropas especiales para Aharón, llamadas vestiduras sagradas, hechas con lino fino, oro y telas de color azul, púrpura y carmesí. Cada prenda tiene un significado profundo.
El efod se sostiene sobre los hombros con dos piedras grabadas con los nombres de las doce tribus de Israel. Así, Aharón lleva al pueblo sobre sus hombros delante de D’s. Sobre su pecho se coloca el pectoral del juicio, adornado con doce piedras preciosas, una por cada tribu, mostrando que todo Israel está presente ante el Eterno.
Dentro del pectoral se colocan el Urim y Tumim, instrumentos mediante los cuales D’s transmite Su voluntad. De esta manera, el corazón del sacerdote queda unido al juicio divino.
La túnica, la diadema y las campanillas
Aharón viste una túnica azul con granadas bordadas y campanillas de oro en el borde. Cada paso dentro del Santuario se escucha, recordando que su servicio es público ante D’s. Sobre su frente lleva una lámina de oro con la inscripción: “Santo para el Eterno”, mostrando que su pensamiento y su acción están dedicados completamente al servicio sagrado.
También se preparan túnicas y turbantes para sus hijos: Nadav, Avihú, Elazar e Itamar, quienes continúan la labor sacerdotal junto a su padre.
La consagración de los sacerdotes
Moshé recibe instrucciones detalladas para consagrar a Aharón y a sus hijos. Son lavados con agua, vestidos con las ropas sagradas y ungidos con aceite. Luego se presentan sacrificios especiales para purificación y dedicación.
La sangre es colocada sobre la oreja, la mano y el pie derechos de los sacerdotes, simbolizando que deben escuchar, actuar y caminar conforme a la voluntad divina. Durante siete días se repite este proceso para sellar su función como servidores del Santuario.

El servicio diario y el altar del incienso
Cada día se ofrecen dos corderos: uno por la mañana y otro al atardecer. Así se establece un servicio continuo que une al pueblo con D’s a través del sacrificio diario.
También se construye el altar del incienso, hecho de madera de acacia recubierta de oro. Allí se quema incienso aromático cada mañana y cada tarde, llenando el Santuario con una fragancia agradable. El incienso representa la oración que asciende constantemente hacia el cielo.
Enseñanza central de la parashá
La parashá Tetzavé enseña que servir a D’s requiere preparación, pureza y compromiso constante. Las vestiduras, los sacrificios y el incienso no son solo rituales, sino formas de elevar la vida diaria hacia lo sagrado.
El Eterno promete habitar entre Israel y ser su D’s, recordándoles que la salida de Egipto no fue solo una liberación física, sino el inicio de una relación espiritual permanente.
Fuente: La Torá, Éxodo 27:20 – 30:10.