Después de la revelación en el monte Sinaí y de escuchar los Diez Mandamientos, el pueblo de Israel recibe una nueva enseñanza: las leyes prácticas que guiarán su vida diaria. En Parashat Mishpatim, Hashem muestra que la santidad no se vive solo en lo espiritual, sino también en la justicia, en el trato al prójimo y en la responsabilidad personal.
Estas leyes comienzan con normas sobre la esclavitud hebrea. La Torá enseña que un esclavo hebreo no debe servir para siempre: trabaja seis años y en el séptimo sale libre sin pagar rescate. Con esto se recuerda que nadie debe ser tratado como objeto, y que la libertad es un valor fundamental. Incluso cuando una persona atraviesa momentos difíciles, su dignidad humana debe ser respetada.
La parashá continúa con leyes sobre daños físicos y disputas entre personas. Si alguien hiere a otro, debe responsabilizarse por su curación y por el tiempo que no pueda trabajar. Así, la Torá enseña que cada acción tiene consecuencias y que la justicia busca reparar el daño, no solo castigar. Aparece también la famosa expresión “ojo por ojo”, que los sabios explican como una compensación justa y medida, no como venganza.
Otro grupo de leyes habla sobre animales y propiedades. Si un buey hiere a una persona o a otro animal, el dueño debe responder por el daño. Si alguien deja un pozo abierto y un animal cae dentro, debe pagar por la pérdida. Estas normas muestran que no basta con decir “no fue mi intención”; cada persona es responsable de lo que está bajo su cuidado.
También se enseñan reglas sobre robos y préstamos. El ladrón debe devolver lo que tomó y pagar una compensación adicional. Si una persona recibe algo para cuidar y se pierde, se debe investigar con honestidad qué ocurrió. De esta manera, la Torá construye una sociedad basada en la confianza y en la verdad.
La parashá pone especial atención en los más débiles: el extranjero, la viuda y el huérfano. Hashem advierte que no deben ser oprimidos, recordando que Israel también fue extranjero en Egipto. Asimismo, se prohíbe cobrar intereses abusivos a los pobres y se ordena devolver una prenda tomada como garantía antes de que caiga la noche, para que la persona no pase frío. Estas leyes enseñan compasión y sensibilidad social.

Mishpatim también recuerda la importancia del Shabat y de las festividades. Se ordena trabajar seis días y descansar el séptimo, no solo para las personas, sino también para los animales y los extranjeros. Además, se mencionan las tres grandes fiestas: Pésaj, Shavuot y Sucot, momentos en los que el pueblo debía presentarse ante Hashem con gratitud por las cosechas y por la libertad recibida.
Hacia el final de la parashá, Moshé reúne al pueblo y les transmite todas estas leyes. El pueblo responde con una sola voz: “Todo lo que Hashem ha dicho, lo haremos”. Moshé construye un altar, ofrece sacrificios y sella el pacto con sangre, simbolizando el compromiso entre Hashem y el pueblo de Israel. Luego, Moshé asciende al monte Sinaí y permanece allí cuarenta días y cuarenta noches, envuelto en la nube divina.
Parashat Mishpatim nos enseña que la Torá no es solo un libro de fe, sino también un manual de justicia. Cada ley busca formar personas responsables, compasivas y conscientes de que sus actos afectan a los demás. Así, el pueblo de Israel aprende que servir a Hashem también significa construir una sociedad donde reine la verdad, el respeto y la bondad.
Fuente: Torá – Shemot / Éxodo 21:1 – 24:18.