La entrega de esta semana nos sumerge en uno de los puntos de inflexión más determinantes de la historia bíblica. Tras el aparente fracaso inicial de Moshé ante Faraón, la narrativa de Va’erá comienza con una declaración de principios que redefine la relación entre el Creador y la humanidad. D’s se presenta ante Moshé no solo como el protector de los patriarcas, sino bajo una dimensión de cumplimiento y soberanía absoluta que marcará el fin de la esclavitud.
El Despertar de la Promesa y la Barrera del Espíritu
Al inicio de la Parashá, escuchamos la voz de D’s recordando el pacto hecho con Abraham, Isaac y Jacob. La revelación es clara: el tiempo de la espera ha terminado y comienza el tiempo de la acción. Se le ordena a Moshé anunciar las cuatro expresiones de libertad que transformarían la realidad de los hebreos. Sin embargo, el relato nos enfrenta a una cruda realidad humana. Cuando Moshé lleva estas palabras de esperanza, los hijos de Israel no pueden escucharlo. El texto describe este estado como una congoja del espíritu, un agotamiento tan profundo que el aliento se vuelve corto. Esta enseñanza es vital para comprender que, a veces, el dolor físico y la opresión mental son tan densos que impiden percibir la luz de la redención, incluso cuando esta se encuentra a la puerta.
La Perspectiva de Moshé y el Desafío de la Palabra
Desde el análisis de la figura de Moshé, observamos a un líder que todavía lucha con su propia insuficiencia. A pesar de la magnitud de la revelación divina, Moshé proyecta sus inseguridades físicas y personales sobre la misión. Él se describe a sí mismo como alguien de labios torpes, cuestionando cómo un monarca tan poderoso como Faraón podría prestarle atención si su propio pueblo ha guardado silencio. En esta clase de liderazgo, D’s no elimina la debilidad de Moshé, sino que la integra en un plan mayor. Moshé es investido con una autoridad que lo sitúa en una posición de superioridad espiritual frente a Faraón, teniendo a su hermano Aarón como el portavoz de sus decretos. Es un recordatorio de que la fuerza de la redención no emana de la elocuencia humana, sino de la fidelidad al mensaje recibido.

La Identidad como Soporte de la Misión
En medio de la tensión del conflicto, la Torá hace una pausa para presentar el linaje de Moshé y Aarón, específicamente dentro de la casa de Leví. Aunque esto podría parecer una interrupción, en realidad sirve para cimentar la legitimidad de los líderes. Al enumerar sus ancestros, el relato establece que estos hombres no son figuras místicas sin raíces, sino individuos conectados a una historia familiar y a una estructura comunitaria. Esta base de identidad es lo que les permite mantenerse firmes cuando la vara de Aarón se transforma en serpiente frente a los sabios y hechiceros de Egipto, demostrando que la fuente de su poder es radicalmente distinta a la magia ocultista de los egipcios.
El Juicio sobre las Aguas y la Tierra
El enfrentamiento escala rápidamente con el inicio de las plagas, que representan un juicio directo sobre el sistema de creencias de Egipto. La primera plaga transforma el Nilo, la principal deidad y fuente de vida del imperio, en una corriente de sangre que apesta y trae muerte. Moshé observa cómo el orden natural se subvierte bajo el mando de D’s. Le siguen las ranas que invaden la intimidad de los hogares, y los piojos que surgen del polvo mismo, llevando a los propios magos de la corte a admitir que están ante el dedo de D’s. Cada plaga es un paso más en el desmantelamiento de la arrogancia de Faraón, quien a pesar del sufrimiento de su pueblo, prefiere endurecer su corazón antes que ceder su control.
La Distinción en medio de la Tormenta
A medida que avanzan las plagas de los enjambres de insectos, la peste sobre el ganado y las úlceras sobre los cuerpos, emerge un concepto fundamental: la distinción. Moshé es testigo de cómo la tierra de Goshén, donde habita Israel, permanece protegida de los azotes que devastan al resto de Egipto. Esta diferencia se vuelve aterradora y majestuosa con la plaga del granizo, donde el fuego y el hielo caen juntos en una tormenta sin precedentes. Moshé ve cómo incluso algunos egipcios, movidos por el temor, comienzan a resguardar sus bienes, reconociendo la soberanía del Eterno. Al final de esta sección, el estruendo del trueno cesa ante la oración de Moshé, dejando un silencio cargado de expectación por lo que vendrá, recordándonos que el corazón que se cierra a la verdad termina por convertirse en su propia prisión.