La parashá Vayejí es la última porción del libro de Bereshit y marca el cierre de la era de los patriarcas. Su nombre, que significa “y vivió”, resulta profundamente significativo, ya que la parashá se centra precisamente en los últimos días de Yaakov Avinu, enseñando que la verdadera vida se mide por el legado espiritual que una persona deja tras de sí.
La Torá relata que Yaakov vive diecisiete años en Egipto, años de relativa paz y estabilidad, junto a su hijo Yosef y sus nietos. Sin embargo, Yaakov es plenamente consciente de que Egipto no es el hogar definitivo del pueblo de Israel. Por ello, cuando siente que su final se acerca, llama a Yosef y le hace jurar que no será enterrado en tierra egipcia, sino en la cueva de Majpelá, en la tierra de Canaán, junto a sus antepasados. Este acto expresa una fe absoluta en la promesa divina y una clara afirmación de identidad, incluso en el exilio.
Cuando Yosef se presenta ante su padre con Efraím y Menashé, Yaakov revive su propia historia familiar. Al adoptar formalmente a sus nietos como tribus, los eleva al mismo nivel que sus propios hijos. Este gesto asegura que la herencia espiritual de Israel continúe incluso fuera de la tierra prometida. La bendición que Yaakov otorga a los jóvenes, cruzando deliberadamente sus manos, enseña que la grandeza no depende necesariamente del orden de nacimiento, sino del propósito que Dios asigna a cada persona.
A continuación, Yaakov convoca a sus doce hijos para revelarles lo que les acontecerá en el futuro. Sus palabras combinan bendición, advertencia y profecía. Cada hijo recibe un mensaje acorde a su carácter y a su historia personal. Destaca especialmente Yehudá, quien recibe la promesa del liderazgo y la realeza, sentando las bases para la futura dinastía davídica. Estas bendiciones no solo describen a individuos, sino que delinean el destino colectivo de las tribus de Israel.
Tras completar sus palabras, Yaakov reitera su pedido de ser enterrado en Canaán. Su muerte es descrita con serenidad y dignidad, reflejando una vida plenamente conectada con su misión. El funeral de Yaakov es acompañado por un impresionante cortejo egipcio, lo que demuestra el respeto universal que había alcanzado. Incluso los pueblos de la región reconocen la grandeza del patriarca.

Después del entierro, los hermanos de Yosef temen represalias. Sin embargo, Yosef responde con compasión y una profunda enseñanza teológica: Dios puede transformar incluso las acciones negativas en un plan de salvación. Al perdonar a sus hermanos, Yosef se convierte en un modelo eterno de fe, humildad y liderazgo moral.
La parashá concluye con la muerte de Yosef. Antes de fallecer, hace jurar al pueblo de Israel que sus huesos serán llevados fuera de Egipto cuando llegue la redención. Así, la Torá cierra Bereshit con un mensaje claro: aunque el exilio puede ser largo, la promesa divina permanece viva.
Parashat Vayejí no es solo una despedida, sino un puente entre generaciones. Nos enseña que la fe, la identidad y la esperanza son las verdaderas fuerzas que mantienen vivo al pueblo de Israel, incluso en los momentos más inciertos de la historia.