🏡 Yaakov se Establece y el Favoritismo por Yosef
(Bereshit / Génesis 37:1-11)
Y así se asentó Yaakov en la tierra donde su padre había vivido como forastero, la tierra de Canaán.
Esta es la descendencia de Yaakov:
Yosef, siendo un joven de diecisiete años, apacentaba el rebaño junto a sus hermanos, los hijos de Bilhá y los hijos de Zilpá (las esposas de su padre). Y Yosef traía a su padre un informe negativo sobre ellos.
Yisrael (Yaakov) amaba a Yosef más que a todos sus hijos, porque era el hijo de su vejez. Por esto, le mandó a hacer una túnica de diversos colores (k’tónet pasím).
Cuando sus hermanos vieron que su padre lo amaba más que a todos ellos, lo odiaron profundamente, y no podían dirigirle ni una sola palabra de paz.
El rencor aumentó cuando Yosef tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos. ¡Esto solo hizo que lo odiaran más todavía!
Él les dijo: «Escuchen, por favor, este sueño que he soñado: estábamos atando manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantó y se quedó derecho, mientras que los manojos de ustedes se agruparon a su alrededor y se inclinaron en homenaje ante mi manojo.»
Sus hermanos le preguntaron con burla: «¿Acaso reinarás sobre nosotros, o nos dominarás?» Y lo odiaron aún más por sus sueños y por sus palabras.
Pero Yosef soñó otro sueño más, y también se lo contó a sus hermanos: «He aquí, soñé otro sueño: el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.»
Cuando se lo contó a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió y le dijo: «¿Qué es este sueño que has soñado? ¿Acaso vendremos yo, tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?» Sus hermanos le tenían envidia, pero Yaakov guardó las palabras en su corazón.
🏜️ La Venta de Yosef
(Bereshit / Génesis 37:12-36)
Los hermanos de Yosef fueron a pastorear el rebaño de su padre en Shejem (Siquem).
Yisrael le dijo a Yosef: «¿No están tus hermanos pastoreando en Shejem? Anda, que te enviaré a ellos.» Yosef respondió: «Hinneni (Aquí estoy).»
Le dijo Yisrael: «Ve, por favor, y mira si todo está bien con tus hermanos y con el rebaño, y tráeme noticias.» Así lo envió desde el valle de Jevrón (Hebrón), y él llegó a Shejem.
Un hombre lo encontró vagando por el campo y le preguntó qué buscaba. Yosef respondió: «Busco a mis hermanos. Por favor, dime dónde están pastoreando.»
El hombre le informó: «Se han ido de este lugar, pues los oí decir: ‘Vámonos a Dotán’.» Entonces Yosef fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán.
Ellos lo vieron de lejos, y antes de que se acercara, conspiraron para darle muerte.
Se decían unos a otros: «¡Aquí viene el dueño de los sueños! Ahora, vengan, matémoslo y tirémoslo a una de las cisternas, y diremos que una fiera salvaje lo devoró. ¡Y veremos qué pasa con sus sueños!»
Reuven (Rubén) escuchó y quiso salvarlo de sus manos, por lo que dijo: «No le quitemos la vida.» Y Reuven añadió: «No derramen sangre. Arrójenlo a esta cisterna que está en el desierto, pero no pongan la mano sobre él.» (Su intención era rescatarlo y devolverlo a su padre).
Cuando Yosef llegó a donde estaban sus hermanos, le quitaron la túnica, la k’tónet pasím que llevaba puesta. Lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna. La cisterna estaba vacía, no había agua en ella.
Luego se sentaron a comer. Al levantar la vista, vieron una caravana de mercaderes Yishmaelim (Ismaelitas) que venía de Guil’ad (Galaad). Sus camellos llevaban especias, bálsamo y mirra, y se dirigían a Mitzráyim (Egipto).
Yehudá (Judá) dijo a sus hermanos: «¿De qué nos sirve matar a nuestro hermano y encubrir su sangre? Vengan, vendámoslo a los Yishmaelim, y que nuestra mano no esté sobre él, porque al fin y al cabo es nuestro hermano, nuestra propia carne.» Sus hermanos estuvieron de acuerdo.
Al pasar unos hombres midianitas, que eran mercaderes, sacaron a Yosef de la cisterna y lo vendieron a los Yishmaelim por veinte piezas de plata. Y estos llevaron a Yosef a Mitzráyim.
Reuven regresó a la cisterna, y al ver que Yosef no estaba, rasgó sus vestiduras. Volvió a sus hermanos y exclamó: «¡El muchacho no está! ¿Y yo, adónde iré ahora?»
Entonces tomaron la túnica de Yosef, degollaron un cabrito y empaparon la túnica en la sangre. Enviaron la k’tónet pasím y le dijeron a su padre: «Hemos encontrado esto. Reconoce, por favor, si es la túnica de tu hijo o no.»
Yaakov la reconoció y dijo: «¡Es la túnica de mi hijo! ¡Una fiera salvaje lo ha devorado! ¡Yosef ha sido sin duda despedazado!»
Yaakov rasgó sus ropas, se vistió de cilicio y guardó luto por su hijo durante muchos días. Todos sus hijos e hijas vinieron para consolarlo, pero él rehusó ser consolado, diciendo: «Descenderé enlutado a donde mi hijo en el Seol (el inframundo).» Y su padre lloró por él.
Los midianitas vendieron a Yosef en Mitzráyim a Potifar, un oficial de Paró (Faraón), capitán de la guardia.
💔 La Historia de Yehudá y Tamar
(Bereshit / Génesis 38:1-30)
Aconteció por aquel tiempo que Yehudá se separó de sus hermanos y se acercó a un hombre de Adulam llamado Hirá.
Allí vio a la hija de un cananeo llamado Shuá; la tomó por esposa y se unió a ella. Ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er. Concibió de nuevo y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán. Y más tarde, dio a luz un tercer hijo, al que llamó Shelá (Sela). Esto ocurrió en Kezib cuando ella lo dio a luz.
Yehudá tomó una esposa para Er, su primogénito, cuyo nombre era Tamar.
Pero Er, el primogénito de Yehudá, era malo a los ojos de Hashem, y Hashem le quitó la vida.
Yehudá entonces dijo a Onán: «Únete a la esposa de tu hermano y cumple con el matrimonio del levirato (yibum), y levanta descendencia para tu hermano.»
Pero Onán sabía que la descendencia no sería suya. Así que, cada vez que se unía a la esposa de su hermano, derramaba su semen en el suelo para no dar descendencia a su hermano. Lo que hizo fue malo a los ojos de Hashem, y también le quitó la vida.
Entonces Yehudá dijo a Tamar, su nuera: «Quédate viuda en casa de tu padre hasta que mi hijo Shelá crezca,» porque pensó: «No sea que también él muera como sus hermanos.» Y Tamar se fue a vivir a casa de su padre.
Pasó mucho tiempo, y murió la hija de Shuá, esposa de Yehudá. Una vez consolado, Yehudá subió a Timnat, él y su amigo Hirá el adulamita, a la esquila de su rebaño.
Alguien le informó a Tamar: «Mira, tu suegro sube a Timnat a esquilar su rebaño.» Ella se quitó sus vestiduras de viudez, se cubrió con un velo y se sentó a la entrada de Enáyim (Enaim), que está en el camino a Timnat, porque se dio cuenta de que Shelá ya era grande y no le había sido dada por esposa.
Yehudá la vio y la tomó por una prostituta, porque ella tenía el rostro cubierto. Se acercó a ella en el camino y le dijo: «Vamos, por favor, me uniré a ti,» pues no sabía que era su nuera.
Ella le preguntó: «¿Qué me darás por unirte a mí?» Él respondió: «Te enviaré un cabrito del rebaño.» Ella dijo: «Dame una prenda en garantía hasta que lo envíes.»
Él le preguntó: «¿Qué prenda quieres que te dé?» Ella contestó: «Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano.» Él se los dio, se unió a ella, y ella concibió.
Luego ella se levantó y se fue, se quitó el velo y se puso de nuevo sus ropas de viudez.
Yehudá envió el cabrito por medio de su amigo, el adulamita, para recobrar la prenda, pero él no la encontró. Preguntó a los hombres del lugar: «¿Dónde está la ramera que estaba en Enáyim, junto al camino?» Ellos le dijeron: «No ha habido ninguna ramera aquí.»
Yehudá dijo: «Que se quede con las cosas, no sea que seamos avergonzados. Mira que envié el cabrito, y tú no la encontraste.»
Unos tres meses después, le informaron a Yehudá: «Tamar, tu nuera, ha fornicado, y ¡además está embarazada por fornicación!»
Yehudá dijo: «¡Sáquenla y que sea quemada!»
Mientras la sacaban, ella envió a decir a su suegro: «Estoy embarazada del hombre al que pertenecen estas cosas.» Y añadió: «Reconoce, por favor, de quién son este sello, este cordón y este bastón.»
Yehudá los reconoció y dijo: «Ella es más justa que yo, porque no la di a mi hijo Shelá.» Y no volvió a unirse a ella.
Llegó el momento del parto, y he aquí, había gemelos en su vientre. Cuando estaba dando a luz, uno sacó la mano; la partera le ató un hilo escarlata a la mano, diciendo: «Este salió primero.» Pero él retiró la mano, y he aquí, salió su hermano. Ella exclamó: «¡Qué abertura te has hecho!» Por eso lo llamaron Péreẓ (Abertura). Después salió su hermano, el que tenía el hilo escarlata en la mano, y lo llamaron Zéraḥ.
⛓️ Yosef en la Casa de Potifar y la Prisión
(Bereshit / Génesis 39:1-40:23)
Y Yosef fue llevado a Mitzráyim. Potifar, un oficial de Paró (Faraón), capitán de la guardia, lo compró a los Yishmaelim que lo habían traído.
Pero Hashem estaba con Yosef, y fue un hombre exitoso, viviendo en la casa de su amo egipcio. Su amo vio que Hashem estaba con él y que Hashem hacía prosperar todo lo que él hacía.
Yosef halló gracia ante sus ojos y le servía. Potifar lo puso a cargo de toda su casa y le confió todo lo que poseía. Desde el momento en que lo puso a cargo de su casa y de todos sus bienes, Hashem bendijo la casa del egipcio por causa de Yosef. La bendición de Hashem estaba sobre todo lo que él tenía, tanto en la casa como en el campo.
Potifar dejó todo lo que tenía en manos de Yosef y, con él, no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía. Y Yosef era de hermoso porte y de buena apariencia.
Después de esto, la esposa de su amo se fijó en Yosef y le dijo: «Acuéstate conmigo.»
Pero él se negó y le respondió: «Mira, mi amo no se preocupa de nada en la casa conmigo, y ha puesto en mis manos todo lo que tiene. Nadie es más grande que yo en esta casa, y no me ha reservado nada, excepto a ti, porque eres su esposa. ¿Cómo, entonces, podría yo cometer esta gran maldad y pecar contra Elohim (Dios)?»
Ella le insistía a Yosef día tras día, pero él no la escuchaba, ni para acostarse con ella, ni para estar con ella.
Sucedió un día, que Yosef entró en la casa para hacer su trabajo, y no había ningún hombre de la casa dentro. Ella lo agarró por su ropa, diciendo: «¡Acuéstate conmigo!» Pero Yosef dejó su ropa en manos de ella, salió corriendo y huyó afuera.
Cuando ella vio que él había dejado su ropa y había huido, llamó a los hombres de su casa y les dijo: «Miren, nos ha traído un hombre ivrí (hebreo) para que se burle de nosotros. Vino a mí para acostarse conmigo, y yo grité a gran voz. Y al oír que yo levantaba la voz, dejó su ropa junto a mí, salió corriendo y huyó afuera.»
Ella guardó la ropa de él hasta que su amo regresó a casa. Y le contó la misma versión: «El esclavo ivrí que nos trajiste vino a mí para burlarse de mí, y cuando levanté la voz, dejó su ropa y huyó afuera.»
Al oír Potifar las palabras de su esposa, se encendió en ira. Y el amo de Yosef lo tomó y lo puso en la prisión, el lugar donde estaban encerrados los presos de Paró. Y Yosef estuvo allí.
Pero Hashem estaba con Yosef, y le extendió Su bondad y le dio gracia a los ojos del jefe de la prisión. El jefe de la prisión confió a Yosef el cuidado de todos los presos, y todo lo que se hacía allí, él lo dirigía. El jefe de la prisión no revisaba nada de lo que estaba en manos de Yosef, porque Hashem estaba con él, y todo lo que él hacía, Hashem lo hacía prosperar.
🍷 Los Sueños del Copero y el Panadero
(Bereshit / Génesis 40:1-23)
Tiempo después, el copero y el panadero del rey de Mitzráyim ofendieron a su señor, el Paró. El Paró se enojó contra ellos y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, la prisión donde Yosef estaba preso.
El capitán de la guardia asignó a Yosef para que los sirviera. Y permanecieron allí por un tiempo.
Ambos tuvieron un sueño la misma noche, cada uno con su propia interpretación.
Cuando Yosef se acercó a ellos a la mañana, vio que estaban preocupados. Les preguntó a los oficiales del Paró: «¿Por qué están hoy tan afligidos?»
Ellos le respondieron: «Tuvimos un sueño, y no hay quien lo interprete.» Yosef les dijo: «¿Acaso las interpretaciones no son de Elohim? Cuéntenmelos, por favor.»
El jefe de los coperos contó su sueño: «En mi sueño, vi una vid delante de mí, con tres sarmientos. Apenas brotaba, florecía, y sus racimos maduraban en uvas. La copa de Paró estaba en mi mano, y tomé las uvas, las exprimí en la copa de Paró y puse la copa en la mano del Paró.»
Yosef le interpretó: «Esta es la interpretación: Los tres sarmientos son tres días. Dentro de tres días, el Paró te devolverá a tu puesto. Pondrás la copa del Paró en su mano, como antes. Pero, por favor, acuérdate de mí cuando te vaya bien. Hazme el favor y háblale de mí al Paró para que me saquen de aquí, porque fui robado de la tierra de los ivrim, y tampoco hice nada aquí para que me pusieran en la cisterna (prisión).»
El jefe de los panaderos, al ver que la interpretación era favorable, le dijo a Yosef: «Yo también soñé. Vi tres canastas de pan sobre mi cabeza. En la canasta superior había toda clase de manjares para el Paró, y las aves los comían de la canasta sobre mi cabeza.»
Yosef respondió y dijo: «Esta es la interpretación: Las tres canastas son tres días. Dentro de tres días, el Paró te quitará la vida y te colgará de un árbol, y las aves comerán tu carne.»
Al tercer día, que era el cumpleaños del Paró, él hizo un banquete e hizo levantar la cabeza del jefe de los coperos y del jefe de los panaderos. Rehabilitó al jefe de los coperos y colgó al jefe de los panaderos, tal como Yosef les había interpretado.
Pero el jefe de los coperos no se acordó de Yosef, sino que lo olvidó.

Parashá Vayéshev (Génesis 37-40), que narra la épica y dramática historia de Yosef (José) y su icónica túnica de colores (k’tónet pasím). Conoce cómo el favoritismo de Yaakov (Jacob) provocó el odio de sus hermanos, culminando en la venta de Yosef a Mitzráyim (Egipto) a mercaderes Ismaelitas. Además, esta porción clave de la Torá intercala la crucial saga de Yehudá y Tamar, fundamental para la descendencia de Israel, antes de detallar el ascenso de Yosef en la casa de Potifar y su posterior encarcelamiento donde interpretó los sueños del copero y el panadero del Faraón. Ideal para estudios de Torá Semanal, reflexiones bíblicas y temas de celos, perdón y providencia divina.